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Inecol: Aguas, la migración Imprimir E-Mail

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Grupo de gaviotas, mejor conocidas como "aguas"

Sergio A. Cabrera-Cruz y Rafael Villegas Patraca
Instituto de Ecología, A.C. (Inecol)

“Ahí van las aguas”, dijo doña Meli. No se refería al vendedor de aguas frescas de sabores, que hubieran ayudado a mitigar un poco el calor de casi cuarenta grados. “Aguas” es el nombre común que en La Venta, Oaxaca, se le da a la gaviota de Franklin (Larus pipixcan) y a la gaviota reidora (Larus atricilla). Las vocalizaciones que esta última emite mientras vuela hacen pensar que se va riendo.

Levanté mi cabeza desde la hamaca en que me encontraba cómodamente instalado. Seguí su mirada y rápidamente hice un conteo mental. “Son 350”, dije al cabo de unos segundos, mientras una gota de sudor resbalaba por mi mejilla. Recibí una mirada escéptica como respuesta, complementada por una sonrisa que enmarcaba el gesto con el mensaje; “Sí m’ijo, lo que tú digas”.


 
Obviamente, doña Meli no creyó que las hubiera contado todas (y concedo que no lo hice... una por una). Lo que hice fue una estimación, algo como “1, 2, 3....10, 20, 30... 100, 200, 300... 350”, que es más o menos la manera en que estimamos cuántas aves integran las parvadas que pasan durante la migración diurna. Grupos que en ocasiones son lo suficientemente grandes como para no poder contarlas una por una.

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Algunas aguas se detienen a descansar sobre tierra firme

Para eso estamos aquí, para estudiar la migración diurna de las aves. No pretendemos contar todas y cada una de ellas: eso es imposible si se considera que en un solo día y desde un solo punto de observación se pueden registrar más de medio millón de pájaros (mientras que en otros, no pasa ni uno).

En esos días intensos, tres o cuatro contadores (técnicos contadores de pájaros, generalmente biólogos, no contadores públicos) casi se vuelven locos con sus binoculares, telescopios, clickersy libretas de campo, identificando especies, contando (estimando con la mayor precisión posible) cuántos individuos de cada especie están pasando y anotando sus observaciones o dictándolas, si tienen la fortuna de contar con un asistente y que esa persona no esté ocupada contando otro grupo de pájaros que haya aparecido por otro lugar.

Además, no siempre es posible hacer un conteo completo debido a la naturaleza misma de lo que está siendo contado y de la actividad que está realizando: un ave migrando no es un objeto estático, es un ser vivo desplazándose a una cierta velocidad y dirección; entonces si no haces una estimación rápida, te quedas sin darte siquiera una idea de cuántas eran.

En más de una ocasión he escuchado “1, 2, 3... 20, 21, 22 ¡chin! ¿Cuántas eran? ¿Tú sí alcanzaste a contarlas?”. Contar pájaros en migración no es cosa fácil, pero la práctica hace al maestro: mientras mayor práctica tenga el contador, más precisa será su estimación. Yo no soy contador, no pertenezco a ese pequeño grupo de personas con la práctica y experiencia suficientes para operar una estación de conteo, pero sí tengo la habilidad suficiente para estimar las 350 aguas que pasaron sobre la casa.

Pasaron. De sur a norte, tal como se espera que hagan en la primavera. Las regiones donde viven en Norteamérica ya son adecuadas para ellas nuevamente. Van para elegir y defender un territorio, para aparearse, anidar y reproducirse. Pero en unos meses, en otoño, las aguas estarán de regreso con sus agüitas, escapando del invierno norteño, buscando pasar esa temporada en regiones más cálidas. Las aguas.

“Oiga doña Meli, ¿por qué las llaman 'las aguas'?”, alcancé a preguntar antes de que siguiera su camino. La respuesta me sorprendió, fue breve pero concisa y cargada de conocimiento, tal vez ancestral: “Ah, porque ya mero llegan las aguas”. Las otras aguas: la temporada de lluvias. Qué inteligentes son las aguas que se van, para evitar a las aguas que vienen.

Tal vez “inteligente” no sea un adjetivo adecuado, pues implica conciencia y no sabemos si las aguas se van por decisión propia o si lo hacen obedeciendo un impulso interno, generado por reacciones químicas disparadas debido a su percepción sensorial del medio y que genéricamente llamamos instinto. Como sea, en otoño las aguas vienen escapando del frío invernal, en primavera se van escapando de las lluvias. En ambos casos buscan territorios adecuados. Suena lógico, natural. La naturaleza de la migración. El ciclo completo, simplificado. Las aguas se van, pero volverán.
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Gaviota de Franklin (Leucophaeus pipixcan)

De repente me doy cuenta de que la intervención de doña Meli con las aguas me mostró en un instante no solo la complejidad del fenómeno en cual se incluye la conexión existente entre clima y seres vivos, sino también me permitió un atisbo de sabiduría popular/tradicional que personas como doña Meli aún conservan. Ojalá nunca se pierda.

Sonrío con gusto al darme cuenta de todo lo que me pasó por la cabeza, pero mis pensamientos se interrumpen cuando escucho el sonido que he esperado con tantas ansias. Mi cuerpo reacciona de manera automática, llevándome al portón de la casa. “¿De qué va a ser?” me pregunta el señor del triciclo. “De horchata, por favor”.

1Clicker: Pequeño dispositivo mecánico manual, auxiliar indispensable para contar pájaros. Cada clic representa 1, 5, 10, 100, 1000 o más pájaros, de acuerdo a lo que el contador decida.
 
 
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