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¡Vacúnate Sin Dolor Comiendo Vegetales! Imprimir E-Mail
 Por Ángel Gabriel Alpuche-Solís, Ruth Elena Soria-Guerra, Sergio Rosales-Mendoza y Rubén López-Revilla
División de Biología Molecular, Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, A.C. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla


Una vacuna consiste en aplicar a través de una inyección un microorganismo patógeno atenuado o inactivado para que el sistema de defensa o sistema inmune de un humano pueda activarse y defenderse en un futuro contra el ataque de ese microorganismo que tenga todas sus capacidades de infectarnos. Al principio fue difícil que el público en general aceptara que para protegernos de una enfermedad debíamos introducir en nuestro organismo una bacteria o un virus debilitado ¿Y qué tal si no estaba tan débil? Fue hasta que pasaron varios años después de varias fases de pruebas en ratones hasta que se demostró su efectividad, y a la fecha ya es una práctica rutinaria vacunarnos o llevar a vacunar a nuestros niños, aunque no nos deje de inquietar el “piquetito”. Ahora bien, ¿que pensarías si en lugar de enfrentarte a la aguja tuvieras solamente que comer un jitomate o una zanahoria, ya sea fresco o en papilla, para protegerte? Pues, ¡claro! Escogerías comer un vegetal que además ¡es nutritivo y sabroso!
Pero, ¿es posible esto? ¿Se puede pasar a un vegetal al patógeno en lugar de debilitarlo y ponerlo en un polvito en una ampolleta para hidratarlo y transferirlo a nuestro cuerpo mediante una inyección? Sí, es posible esto, y aún mejor, no se pasaría el microorganismo atenuado completo sino sólo parte de él, lo que tiene la ventaja de que no se producirían reacciones secundarias como dolor de cabeza, fiebre y malestar en general.

¿Y cómo se logra esto? Los biotecnólogos vegetales han podido leer el código genético encontrado en el ADN de bacterias, virus, plantas y animales, y esa doble hélice con escalones descubierta hace más de 50 años por Watson y Crick, formada por cuatro componentes (Adenina, Guanina, Timina y Citosina), tiene toda la información del color de piel, ojos, estatura y demás características de un humano, así como la información de toxinas de un patógeno. Si esta especie de escalera que está compactada en los humanos y organismos patógenos y tiene forma como de un cable de teléfono, la desenrollamos, cortamos con unas tijeras la parte que tiene la información para producir parte de una toxina y la metemos a una célula vegetal mediante técnicas de ingeniería genética, podríamos usar la maquinaria del vegetal y producir una proteína o péptido, conocidos como antigénicos, los cuales protegidos por las paredes de las células vegetales atraviesan el estómago y llegar a las mucosas, y se presentan o exponen al sistema humano de defensa (linfocitos) llamadas células B y T, mientras en otra parte hay células maduras (efectores) que producen anticuerpos, los cuales bloquean al antígeno y evitan se propague la enfermedad. Estos anticuerpos son como los “soldados” que participan en la batalla contra los patógenos.

Las plantas modificadas genéticamente o transgénicas surgen en 1984 en el grupo del Dr. Montagu, donde participa un mexicano, el Dr. Luis Herrera, y la idea de producir vacunas comestibles surge a partir de la patente publicada por Curtis y Cardineau en 1990 y el fuerte impulso dado por el Dr. Charles Arntzen a partir de los años 90s. Las plantas usadas como bioreactores, tienen ventajas para la producción de vacunas recombinantes, como son aumentar la aceptabilidad de las vacunas; reducir los costos de producción y eliminar el uso de la red fría para su transportación, además del uso de agujas y jeringas y la capacitación del personal que las aplica; reducir los riesgos de contaminación, porque los patógenos de humanos o animales no infectan a las plantas, y producir vacunas multivalentes, ya que se pueden introducir varios genes a la vez, por citar algunas.

Es importante mencionar que las vacunas comestibles serían distribuidas por el sector salud o empresas farmacéuticas y no estarían los vegetales sembrados a campo abierto ni las encontraríamos en el supermercado, es decir, que serían reguladas como cualquier otra vacuna.

La Organización Mundial de la Salud se interesa particularmente por desarrollar vacunas contra las infecciones de las mucosas —sitios de entrada de microorganismos patógenos que provocan enfermedades respiratorias agudas, diarreicas y de transmisión sexual— cuya superficie es unas 200 veces mayor que la de la piel.

En el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT), en San Luis Potosí, el grupo de Biología Molecular de Plantas del Dr. Ángel Alpuche, en colaboración con el Dr. Rubén López y la Dra. Leticia Moreno de la UNAM, ha logrado producir en zanahoria proteínas antigénicas contra la diarrea del viajero y tomate contra Difteria, Tos ferina y Tétanos, los cuales han sido probados en ratones demostrando la producción de anticuerpos, siendo éste el primer paso para la producción de vacunas comestibles contra esas enfermedades.

A la fecha, Dow Chemical AgroSciences es la única empresa que ha obtenido la autorización de la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos para producir una vacuna en células vegetales contra una enfermedad de Newcastle de aves, sin embargo, en cuestión de una década probablemente podremos ver en el mercado vacunas producidas en vegetales como ya lo estamos viendo con compuestos de interés químico o farmacéutico producidos en plantas.

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Figura 1. Regeneración de una planta de papa que produce proteínas antigénicas (Tomado de Langridge, 2000). 

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Figura 2. Proceso para obtención de un jitomate que contiene una vacuna contra la Difteria, Tos ferina y Tétanos (DPT).
   


Para mayor información:
Langridge WHR (2000) Edible vaccines, Scientific American, 283(3): 48-53.
Rosales-Mendoza S, Soria-Guerra RE, Olivera-Flores MT, López-Revilla R, Argϋello-Astorga G, Jiménez-Bremont JF, García-de la Cruz RF, Loyola-Rodríguez JP, Alpuche-Solís AG, (2007) Expression of Escherichia coli heat-labile enterotoxin B subunit (LTB) in carrot (Daucus carota L.). Plant Cell Rep. DOI 10.1007/s00299-007-0310-2.
Soria-Guerra, R.E., Rosales-Mendoza, S., López-Revilla, R., Mercado-Márquez, C., Castillo-Collazo, R. y Alpuche-Solís. A.G. (2007) Transgenic tomatoes express an antigenic polypeptide containing epitopes of the diphtheria, pertussis and tetanus exotoxins, encoded by a synthetic gene. Plant Cell Rep. DOI. 10.1007/s00299-007-0306-y.
 
 
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