| La producción campesina de maíz bajo el TLCAN – Colmich |
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Dra. Nicola M. Keilbach, Centro de Estudios Rurales, El Colegio de Michoacán, A.C.
Introducción:
Los paisajes de las comunidades campesinas de México han estado configurados fundamentalmente por el cultivo de maíz. Los importantes cambios a nivel global en la conformación de los mercados internacionales de granos y la creciente importancia del maíz como materia prima en procesos industriales posibilitados por el desarrollo de la biotecnología, repercuten de manera directa en la organización de la producción y la estructuración de los mercados nacionales de maíz. Bajo esta premisa se busca integrar el análisis a nivel micro (los aspectos económicos, culturales y ambientales asociados a la producción de maíz criollo en las comunidades campesinas) como a nivel macro (el análisis del maíz en el TLCAN), con el objetivo fundamentar e impulsar la conservación del cultivo de maíz criollo campesino a nivel nacional frente a las imposiciones externas encaminadas a desestructurar el sector campesino nacional. La producción de suficientes alimentos de calidad para una población en constante crecimiento ha sido uno de los retos fundamentales para la humanidad en general, y para la ciencia y tecnología en particular A pesar de que en la actualidad un porcentaje significativo de alimentos es producido industrialmente, la agricultura sigue siendo la su fuente principal, tanto en lo que se refiere al consumo humano como animal. Los espectaculares avances en la tecnología agrícola y producción animal del siglo XX han tenido un alto costo ambiental, por lo que la sociedad de manera creciente ha ido cuestionando los sistemas de agricultura y ganadería tan intensivos como extractivos, a lo que se ha añadido la controversia sobre la creciente desviación de las cosechas a la producción de agro-combustibles, dado el contexto de una crisis energética mundial. De esta manera las controversias en torno la mejor forma de garantizar la seguridad alimentaria global, uno de cuyos ejes ha sido la polémica entre la producción agrícola industrial vs. la producción campesina como garantes de la producción sustentable de alimentos, cobraron nueva fuerza.
En este contexto, el maíz se ha colocado como uno de los productos agrícolas más disputados a nivel mundial derivado de su capacidad de adaptación a ecosistemas muy diversos, la alta productividad de la planta, pero ante todo, la amplia gama de usos que encuentra, no solo en la alimentación humana y animal directa, sino también en muy distintas ramas de la industria. Durante el siglo pasado, desdeñando a los sistemas agrícolas tradicionales desarrollados durante siglos en Mesoamérica con base en variedades criollas, agrónomos y genetistas se esforzaron en lograr, a través de la producción de semillas híbridas y la aplicación de agroquímicos, incrementos significativos en la productividad de la planta de maíz. Hace 25 años la biotecnología prometió continuar esta espiral ascendente en la productividad mediante la producción de semillas genéticamente modificadas.
Paralelamente, hace 25 años los ajustes (de corte neoliberal) en la política agropecuaria y comercial de México redundaron en la privatización de servicios agropecuarios, incluyendo a la producción de semillas, y en la apertura comercial para productos agrícolas, particularmente a través del TLCAN. A pesar de que México ya había perdido la autosuficiencia en maíz desde los años setenta del siglo pasado, la creciente importación de maíz de los Estados Unidos en el marco del tratado, a precios que se encontraban debajo del costo de producción nacional, comprometió seriamente la soberanía alimentaria del país y agravó la crisis del campo. Ello se tradujo en mayor pobreza, emigración masiva y el envejecimiento de las comunidades rurales, pero no en el pronosticado desplome de la producción campesina de maíz de temporal.
Este último hecho ha motivado una serie de investigaciones a diferente escala para poder comprender y contextualizar las decisiones con respecto a la producción y economía del maíz que realizan los (pequeños) productores de maíz criollo en las comunidades rurales. Más allá de un interés solo centrado en las particularidades de la economía campesina, estas investigaciones también correspondieron evidencia ineludible: la producción futura de maíz a nivel mundial, particularmente en el actual contexto de cambio climático, requiere necesariamente de la conservación del germoplasma de maíz in situ, es decir, preservar la diversidad genética del maíz criollo es indispensable para poder adaptar y producir nuevas variedades en el futuro. Esto implica no solo la conservación biológica de las variedades de semillas de maíz, sino necesariamente implica conservar los sistemas de producción campesinos asociados a estas variedades criollas.
Estos hechos plantean una paradoja importante para México, toda vez que durante décadas se culpó a la producción campesina, atada a milpa, de la ineficiencia de la agricultura mexicana, creando en consecuencia una serie de instrumentos políticos y económicos para convertir las parcelas de maíz criollo en productos comerciales más lucrativos. Ahora, ante la pérdida del importante germoplasma de maíz en el marco de la crisis del campo, por el contrario, se plantea la urgente necesidad de retener y reforzar la producción de maíz criollo en toda su variedad. A la vez, ante la reciente evidencia de que el comercio mundial de alimentos tampoco escapa a la especulación financiera, se ha tenido que reconocer que la seguridad alimentaria del país, particularmente en maíz, base de su alimentación, descansa necesariamente en su soberanía alimentaria.
Las comunidades de la meseta purépecha de Michoacán durante siglos han logrado desarrollar y conservar una gama importante de variedades de maíz criollo, asociadas a diferentes usos culinarios y de manera creciente también a la producción animal. En el año 2001 se inició un estudio en algunas de estas comunidades, con el fin de conocer el impacto de las políticas aplicadas al campo durante los años noventa, y en particular de la creciente importación de maíz bajo el TLCAN. Se constató una creciente desviación de maíz criollo producido localmente para la alimentación animal, y paralelamente una expansión de la ganadería bovina campesina. Además de observó una reducción en las labores agrícolas aplicadas a la milpa y en las variedades sembradas, debido a los bajos precios del mercado, la escasa demanda, los cambios demográficos (emigración, envejecimiento) de las comunidades y la penetración acelerada de tortillas industrializadas.
Aunque a partir del año 2008, bajo el impacto de la llamada "crisis alimentaria mundial", las evidencias del cambio climático y una revaloración de los sistemas de producción de maíz criollo, se aplicaron instrumentos de política agropecuaria locales encaminadas a reforzar la conservación del germoplasma de maíz en las comunidades. En la actualidad, en el marco de este proyecto de investigación, se están aplicando instrumentos para evaluar el impacto que estas nuevas medidas políticas han tenido sobre la producción local. |
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